¡¡¡¡¡SALUDOS MEXICO¡¡¡¡¡¡¡

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Dallas por Eva , ex-alumna del IES

Dallas está situada en el noreste de Texas, aproximadamente a unas 245 millas al norte de Houston y a 190 millas al sur de la Ciudad de Oklahoma.
Recuerda que una milla es igual a 1’6 km aproximadamente. El Río Trinity corre por medio de la ciudad y hay más de 60 lagos en la zona. La mayoría de los lagos se usan para actividades recreativas como pescar y pasear en bote. Dallas es una ciudad plana.

Uno asocia Dallas con cowboys y ranchos vaqueros, pero los visitantes generalmente se sorprenden al descubrir que la ciudad es una metrópolis que se mueve a gran velocidad. Sin embargo, los turistas todavía pueden sentirse que están en el medio del campo si visitan Southfork, mejor conocido como el sitio donde se filmó "Dallas", la serie televisiva de los años 80.
Ahora recuerdo todo el dia que pasamos en el aeropuerto de Atlanta .
Nos quedamos con las ganas de visitar los lugares donde se rodó la película “ Lo que el viento se llevó”
El clima de Dallas es húmedo pero la mayoría de las caídas lluviosas ocurren en la primavera, trayendo consigo poderosas tormentas. Dallas también tiene un viento seco y caluroso durante la temporada de verano.
La gente de Dallas también es agradable. Lo reciben con brazos abiertos y con mucha hospitalidad. Cualquier persona de visita por la ciudad probablemente escuchará el saludo "Hey, y'all!" (¡Como andan todos!). No deje de probar algunos de sus BBQ Tejanas (barbacoas o carnes asadas) y de disfrutar una comida tejana-mejicana con una margarita para beber. (La comida tejana-mejicana es de estilo tejana con un toque de sabor mejicano). Sobre todo un consejo , cuidado con el chile y las guindillas , puedes llorar cuando comas .

SALUDOS A TODOS Y A TODAS

Hasta ahora siempre los saludos los enviamos desde el enlace de facebook , pero hoy lo hacemos desde aqui

Saludos Waterlooville-Hampshire-United Kingdom,
Cambrils, Castelldefels-Cataluña-Spain,
Soyapango-San Salvador-El Salvador,
José León Suárez-Buenos Aires-Argentina

http://www.elortiba.org/moravia1.html

Se puede descargar la obra "El conformista" desde esta dirección web.

PÁRAMO Daniel Rodríguez (Basado en el cuento "Acercarse al Pueblo" de Alberto Moravia).

PÁRAMO


NACIONALIDAD: Perú.
DURACIÓN: 17 min.
FORMATO: 35mm, Color.
DIRECTOR: Daniel Rodríguez.
PRODUCCIÓN: Cinecorp S.A.C.
GUIÓN: Daniel Rodríguez (Basado en el cuento "Acercarse al Pueblo" de Alberto Moravia).
FOTOGRAFÍA: Juan Durán.
SONIDO: Francisco Adrianzén.
MÚSICA: Irene Vivanco.
MONTAJE: Josué Méndez.
INTÉRPRETES: Delfina Paredes, Jimena Lindo, Juan Carlos Salazar.

SINOPSIS.
Basado en el cuento "Andare verso il popolo" , de Alberto Moravia, esta sátira de 17 minutos trata sobre una joven citadina de clase alta, que maneja un discurso totalmente mitificado del "buen indio" y del ande, que llega a la sierra para enfrentar una realidad totalmente diferente.

Italia recuerda a Primo Levi de Paolo Fava.

http://www.papelenblanco.com/biografia/italia-homenajea-a-primo-levi

Al volver a Italia, Levi ejerció como químico industrial en la factoría química SIVA en Turín. Pronto empezó a escribir sobre sus experiencias en el campo y su vuelta subsiguiente a casa a través de Europa del Este, en las que se convirtieron en sus dos memorias clásicas: Si esto es un hombre (Se Questo è un Uomo) y La tregua.

También escribió otras dos memorias muy apreciadas, Momentos de indulto y La tabla periódica. Momentos de indulto lidia con personajes que observó durante su prisión. La tabla periódica es una colección de piezas cortas, mayormente episodios de su vida pero también dos relatos cortos, todos relacionados de algún modo con alguno de los elementos químicos. La ambiciosa novela Si ahora no, ¿cuándo?, que cuenta la historia de una banda de partisanos judíos durante la Segunda Guerra Mundial errantes por Rusia y Polonia, ganó los destacados premios Viareggio y Campiello cuando fue publicada en Italia, e hicieron a Levi internacionalmente conocido.

Sus relatos cortos más conocidos se encuentran en La torcedura del mono (1978), una colección de relatos cortos sobre trabajo y trabajadores contados por un narrador que recuerda al propio Levi.

Levi se retiró de su posición como gestor de SIVA en 1977 para dedicarse a escribir a tiempo completo. El más importante de sus últimos trabajos fue su libro final, Los hundidos y los salvados, un análisis del Holocausto en el que Levi explicó que aunque no odiaba al pueblo alemán por lo que había pasado, no lo había perdonado.

Einstein en Nueva York - Maria , 2 ESO

Einstein y sus acompañantes llegan a Nueva York el 17 de octubre de 1933. Paul Langevin (1872-1946) lamentaba aquel suceso con estas palabras: "El Papa de la Física se ha mudado de casa y EE.UU. se ha convertido en el centro mundial de las ciencias naturales".

Fija su residencia en Mercet Street 112 en Princeton, cerca del Instituto de Estudios Avanzados fundado con la donación de cinco millones de dólares que Louis Bamberger y su hermana Felix Fuld, acaudalados financieros judíos, pusieron a disposición de Abraham Flexner, un conocido reformista del sistema educativo americano, para crear una institución de élite dedicada a la investigación y la enseñanza. Tras varias tentativas hechas en Europa, Flexner consiguió la aceptación de Einstein quien sugirió percibir un sueldo anual de 3000 dólares. Pero, para sorpresa suya y contento de Elsa, le fijaron el salario anual en 15000 dólares, le garantizaban una jubilación a los 65 años - entonces tenía 54- con un retiro de 7500 dólares. No cabe duda que la oferta era generosa y más no teniendo obligaciones docentes, salvo la atención esporádica de grupos reducidos de estudiantes.

Sin embargo, la estancia en Princeton no fue lo provechosa que él mismo, y los profesores del propio Instituto y de la Universidad, hubieran deseado. Philip Franck, buen conocedor de la vida y obra de Einstein, a quien sustituyó en la Universidad de Praga, y uno de sus biógrafos más fiable, achaca este decepcionante resultado a que uno de los rasgos característicos de Einstein fue "su absoluta independencia del ambiente que le rodeaba". Einstein mismo reconoce el poco ascendiente conseguido en el Instituto cuando escribe (12/4/1949) a Born, a quien le había prometido una larga estancia en él: "Yo lo propuse, pero tengo poca influencia; me consideran petrificado porque con los años me he quedado sordo y ciego (en sentido figurado). No me importa mucho, ya que va bastante de acuerdo con mi temperamento".

No obstante, su fama pública se acrecentó, era perseguido por periodistas y curiosos, los graduados querían trabajar con él y científicos de cualquier parte del mundo aprovechaban o provocaban sus estancias en Princeton con la intención de visitarlo. Era muy popular en la ajardinada zona en que vivía, el comerciante que le atendió en su primera compra -un helado y un peine, ¡quien lo diría! - hecha a su llegada al pueblo lo recordaba con satisfacción. Tanta era la correspondencia recibida que Helen Dukas se vio obligada a seleccionarla y en algunos casos a "almohadillarla" (suavizarla) cuando el contenido era poco grato. Su teléfono nunca figuró en la guía y las visitas eran cuidadosamente elegidas.

Ciudadano americano desde 1940, y a pesar de reconocer nobles cualidades para el pueblo americano, nunca se sintió como tal. Añoraba su vida en Suiza y recibía con agrado a quienes pudieran retrotraerle a aquellas tierras y a aquellos tiempos. Se cuenta que el último amor de Einstein, Johanna Fantova, lo era sobre todo por su condición centroeuropea.

En Princeton, aunque siguió ocupándose de su fallido intento por unificar gravitación y electromagnetismo, inspiró el futuro científico exitoso de quienes trabajaron con él, continuó perfeccionando sus teorías cosmológicas y contribuyó a clarificar los fundamentos de la mecánica cuántica, aun manteniendo su resistencia a aceptar el inevitable indeterminismo
Murió el 18 de abril de 1955, a la 1:15 de la madrugada. Sus últimas palabras, ininteligibles para la enfermera que lo atendía, fueron en alemán, el idioma en que siempre se expresó de palabra y por escrito, aunque en caso de necesidad lo hiciera en francés que dominaba bien o en inglés que lo hablaba de una forma muy peculiar. Dejó dicho y así se cumplió que no quería funerales, que sus cenizas fueran esparcidas sin decir donde, y que en su casa no pusieran ninguna placa recordando que había vivido allí. Muchos años después, muertas ya Margot y Helen Dukas, el primer ocupante de la casa fue el físico Frank Wilczek, luego premio Nobel (2004).

La romana ( argumento ). A. MORAVIA

La Romana (1947). S
La Romana relata en primera persona la historia de Adriana, una bellísima muchacha de clase muy modesta . La madre ve en la belleza de su hija el mayor capital de que puede disponer y no tiene dudas de que con su ayuda podrán salir de las penurias económicas en que se ven sumidas. Por ello, todo su esfuerzo es conseguir que la belleza de Adriana las saque a flote. Así, consigue emplearla como modelo de un pintor . En casa del pintor Adriana toma contacto con Gisela que le presentará a Adriana la oportunidad de acabar para siempre con sus problemas económicos. Esa oportunidad es representada por Astarita, implacable funcionario fascista de día, pero sumiso y obediente amante de noche . Adriana conoce a Gino, chófer de una adinerada familia romana. A pesar de las advertencias de su madre y cegada por sus sentimientos y por las falsas promesas de Gino, Adriana acaba entregándose a él. La madre siente como si toda su fortuna se hubiera desvanecido . Y más cuando descubren la doble vida de Gino.
Este es uno de los momentos claves de la novela, pues es aquí cuando Adriana rompe con sus todos sus principios morales, como si el engaño de Gino hubiera minado su sólida base y éstos se hubieran desplomado bajo su propio peso. Profundamente sumida en la gran decepción que le han supuesto sus sueños de “chica decente”, inicialmente se comporta como un autómata, como si no fuera consciente de lo que hace o como si no fuera con ella. Pero pronto se da cuenta , surgiendo ante sus ojos una nueva perspectiva de la vida, de corte más existencialista. Así aparece transformada en una diosa del Amor. Todos estos cambios en la personalidad de Adriana son excepcionalmente descritos por Moravia, mostrándonos la volubilidad de nuestra ética. A partir de este momento, la trama se va complicando, aparecen nuevos personajes, como Mino, el estudiante comunista, o la viva expresión de la fuerza bruta encarnada en Sonzogno, que harán a Adriana cambiar de nuevo su enfoque sobre la vida. Para los enamorados de Roma la ciudad aparece retratada casi de pasada. Al igual que muchas otras de sus novelas, La Romana fue llevada al cine en los años 50, realizando la adaptación de la novela el propio Alberto Moravia. Adriana fue perfectamente representada por Gina Lollobrigida.

Visita a la Factoría de Navantia . Joan, 2 bat .

Visita a la Factoría de Navantia en Cartagena (6/06/2010)
El pasado 6 de junio visitamos la Factoría de Navantia en Cartagena. Esta actividad fué organizada por el Departamento de Artes Plásticas, y en ella participaron los alumnos de Dibujo Técnico I y II de Bachillerato de nuestro Centro.
La visita de desarrolló en tres fases:
1. En primer lugar, en una sala de conferencias el Jefe de Formación J. Navarro, con una presentación multimedia, nos explicó a grandes rasgos la historia de la Factoría, tipos de buques construidos y motores fabricados.
2. A continuación vimos la nave de fabricación del casco y dependencias del submarino de la serie S-80, que es el submarino no nuclear más moderno del mundo. Allí nos hicimos muchas fotografías .
3. La tercera parte de la visita fue la Fabricación de motores diesel, tanto de propulsión como para plantas de generación de electricidad.
4. Vimos la fundición de bloques y culatas de motor; las naves de trazado, mecanizado y control de calidad, y por último, la sección de montaje. Es impresionante ver estos motores de hasta 12.000 CV de potencia y de tamaño descomunal.
Quiero acabar este relato con un agradecimiento a la Factoría Navantia y a los trabajadores que nos atendieron,
El año que viene volveremos .
Mañana aprovecharemos para ver la ciudad de Cartagena .

Relatos 1 . la soledad de Giacomo ( titulo prov.).A. MORAVIA

Hacia el comienzo del verano, Giacomo se encontró de pronto completamente solo. Creía que tenía muchos amigos, que conocía a muchas mujeres; pero unas pocas partidas habían bastado para hacer el desierto en torno a él. En realidad, como todos, se movía en un restringido círculo de personas; y se le ocurrió pensar que cuando fuera viejo estas partidas serían sin retorno y su soledad definitiva.
Cogió la costumbre de levantarse tarde y de quedarse en su cuarto de la pensión hasta la hora de la comida, tumbado en la cama, leyendo un poco o fumando. Después de comer salía un momento, tomaba café en un bar, compraba un periódico y volvía a su cuarto a leerlo. Algunas veces, si estaba cansado o hacía más calor que de costumbre, le gustaba dejar que el periódico cayera de sus manos y amodorrarse una media hora. A media tarde se levantaba, se lavaba, se peinaba, se vestía y dejaba la pensión.
Iba a sentarse en un café en la calle más elegante de la ciudad. En ese café servían una cerveza alemana en botellines que a Giacomo le gustaba mucho. Bebía lentamente la excelente cerveza helada, observando el paseo y a las personas sentadas ante las mesitas. Toda la gente ociosa de la ciudad, los jóvenes mejor vestidos, las muchachas más bonitas se daban cita en aquel trozo de acera, entre aquellas mesas. Muchos estaban de pie, ante los escaparates del café, fingiendo charlar, pero en realidad posando con indolencia ante los ojos que los miraban y vigilando ellos mismos con el rabillo del ojo el paseo y a los que estaban sentados. Mujeres llenas de entusiasmo, con el cigarrillo en la mano, se levantaban de las mesitas e iban a otras mesas riendo y hablando muy alto. Los camareros pasaban a duras penas con sus bandejas entre esta multitud. Se oía bromear, llamar, charlar sin medida, con un zumbido ininterrumpido lleno de suficiencia y de exclusivismo, como si aquello no fuera una calle, sino un salón cerrado para la mayoría. Y, en efecto, si un pobre de ropas desgarradas o simplemente alguien como Giacomo, solitario y sin amigos, se aventuraba entre esa muchedumbre parecía justamente que llegaba a una casa a la que no había sido invitado y en la que no se le deseaba.

El desquite de Tarzán. Cuentos romanos. A. MORAVIA

Estábamos en verano, en julio, y pasear por las calles, muy despacio, bajo un sol que quemaba, era realmente penoso. Además, el recorrido era largo y sin paradas: salíamos del cine, detrás de Santa María Maggiore, recorríamos a paso de hombre la vía Cavour, la Plaza de la Estación, vía Volturno, vía Piave, vía Salaria, via Po, vía Véneto, via Bissolati, via Nazionale, via Depretis, y luego, finalmente, otra vez Santa Maria Maggiore. Este recorrido lo hacíamos varias veces, por la mañana y por la tarde, según lo estipulado con la agencia. Además, había dos equipos: uno de hombres, vestidos, como ya dije, de celeste; y uno de mujeres, vestidas casi peor que nosotros, con túnicas blancas cubiertas de lentejuelas plateadas y gregüescos amarillo oro.
Una de esas mañanas salimos, como de costumbre, del cine, con un cielo anubarrado que al principio me hizo esperar que disminuyera el calor de días anteriores. Pero cuando nos pusimos en marcha advertí inmediatamente que el bochorno había aumentado, precisamente a causa de aquellas nubes oscuras que anunciaban tormenta. Sudaba, con mi mono cerrado, mucho más que si hiciera sol; y en medio de aquel aire cargado me parecía como si a cada vuelta del pedal, se me hincharan las manos, los pies y la cara, y como si la sangre quisiera salirse de mi piel. El título de la película de ese día era «El desquite de Tarzán», en tecnicolor. Yo tenía las sílabas «El des»; luego venía Poldino con «qui», y luego, por orden, «te», «de», «Tar», «zán». En los cartelones se veía a Tarzán, vestido de pieles como un salvaje, que luchaba con un enorme mono, y a un lado, asustada, una hermosa muchacha, también medio desnuda. En cuanto nos pusimos cu marcha, muy lentamente, entre aquel aire bochornoso de terremoto, advertí que detrás de mí se había produci¬do el acuerdo de siempre. La agencia de publicidad nos recomendaba sobre todo que no hiciéramos ruido, no fu¬másemos, no hablásemos. En resumen, teníamos que dar la impresión de ser casi máquinas, como las bicicletas: mudos, lentos, apáticos, sin expresión. Así, decían, la publicidad resultaría realmente eficaz, porque la gente no se ocupaba de nosotros y miraba a los cartelones. Ya he dicho que los otros cinco habían llegado a un acuerdo; me explicaré. Tan pronto como estuvimos en la Plaza de la Estación oí que los cinco, a mis espaldas, lanzaban el gri¬to de Tarzán, tal y como se oye en el cine; no tan fuerte, es cierto, pero lo bastante para que los transeúntes lo oyeran. Yo no podía volverme porque tenía que guiarlos y, si me volvía, podía ocurrir que, en un sitio como la Plaza de la Estación, toda la caravana acabase bajo las ruedas de un autobús; pero cuando entramos en la via Volturno, volví la cabeza y dije con fuerza: —¿Qué significa ese barullo?
¿Saben cómo me respondió Poldino? Con un gesto obsceno. No dije nada y proseguí hacia el Ministerio de Hacienda.
Pasamos el Ministerio, entramos en la via Piave; en la Plaza Fiume, el guardia, sobre su torrecilla listada en blanco y negro, paró el tránsito y también nosotros tuvimos que esperar. Aproveché para echar pie a tierra y volverme para ver cómo iban las cosas. Advertí enseguida que iban muy mal: ya sea que estuvieran citados con ellas, ya que las hubieran encontrado por casualidad, Pol¬dino y los otros estaban con dos muchachas, de esas que recorren los restaurantes vendiendo flores, bajas y contrahechas, una rubia y otra morena, y bromeaban entre sí, como si no existiera la caravana publicitaria.

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