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Relatos, 2 . La aventura ( fragmento )

El cuerpo provocó una gran salpicadura, una sola , hacia el interior del río.
Al llegar bajo el árbol Ataman le mostró a Torta , con gesto didáctico, que el tronco estaba hueco. Ataman introdujo la cartera de cuero en el hueco .
Aunque estaban solos, Ataman en voz baja le dijo Torta
que había escondido la cartera de manera que no sólo no podría caerse al suelo, sino que, aunque se produjera una inundación, tampoco correría peligro de que el agua la arrastrara.
Después de esconder las joyas , llevarían el coche a la carretera y lo inutilizarían. Pero antes tenían que quedarse desnudos. Ya que esta era la manera que utilizaba la banda de Glinka para impedir que sus víctimas la persiguieran , lo mismo que todas las bandas de ladrones de todas las épocas.

Ahora , dijo Ataman tenían que ir a pie hasta el caserío más próximo. Así ocurría siempre con las víctimas de la banda y así tenían que hacer también ellos .


¿ Dónde escondió Ataman las joyas? .......................

¿ Qué le ocurría a las víctimas de los ladrones? ................

¿ Por qué Ataman estaba tan seguro de que la policia no iba a descubrir
su crimen?....................................................


















Ataman , mientras caminaban , repetía una y otra vez la lección a Torta: que habían sido asaltados por la banda, que Cosma se había rebelado , que había sido golpeado y arrojado al río, que los bandidos los habían desnudado y quitado todo lo que llevaban encima y se habían dado a la fuga.
Grande fue el asombro de los dos falsos guardias al ver aquellos dos en aquel estado , sabiendo como sabían que por una vez no era culpa suya.

Ataman al ver que eran los mismos guardias, dijo que era una verdadera suerte ya que así tenían una buena coartada.

Después de un largo interrogatorio los falsos guardias dieron por terminada su actuación casi teatral y dijeron: Ahora caminad delante de nosotros y llevadnos al sitio donde habéis escondido las joyas.
Como no dieron con las joyas, los dos falsos guardias dispararon sobre Ataman y Torta.
Cosma estaba vivo, el golpe que le dió Atamam lo dejó inconsciente. Cuando se recobró y vió a sus verdugos pensó que lo mejor para él era seguir fingiendo estar muerto.

La romana ( fragmento )

CAPÍTULO PRIMERO
A los diecisiete años, era yo una verdadera belleza. Tenía el rostro de un óvalo perfecto, estrecho en las sienes y un poco ancho abajo, los ojos largos, grandes y dulces, la nariz recta en una sola línea con la frente, la boca grande, con los labios bellos, rojos y carnosos y, si me reía, mostraba dientes regulares y muy blancos. Mi madre decía que parecía una Virgen. Yo me di cuenta de que me parecía a una actriz de cine por entonces en boga, y comencé a peinarme como ella. Mi madre decía que si mi cara era hermosa cien veces más hermoso era mi cuerpo; un cuerpo como el mío, decía, no se encontraba en toda Roma. Entonces no me preocupaba de mi cuerpo, me parecía que la belleza estuviese toda en la cara, pero hoy puedo decir que mi madre tenía razón. Tenía las piernas derechas y fuertes, los flancos redondos, la espalda larga, estrecha a la cintura y ancha en los hombros. Tenía el vientre, como lo he tenido siempre, un poco grande, con el ombligo que casi no se veía, tan hundido estaba en la carne; pero mi madre decía que esta era una belleza más, porque el vientre debe ser prominente y no liso liso como hoy se usa. También el pecho lo tenía robusto, pero firme y alto, manteniéndose erguido sin necesidad de sostén; y también de mi pecho, cuando me lamentaba de que fuese demasiado grande, mi madre me decía que era una verdadera hermosura, y que el pecho de las mujeres, hoy en día, no valía nada. Desnuda, como más tarde hube de notar, era grande y llena, formada como una estatua; pero vestida parecía, por el contrario, una chicuela menuda y nadie hubiera

La campesina ( fragmento 3 )

¿Qué comíamos? Comíamos una vez al día unas pocas habichuelas hervidas con una cucharadita de manteca de cerdo , un poquito de tomate en conserva, un trocito de carne de cabra, y algunos higos secos. Por la mañana , como ya he indicado, algarrobas o bien cebollas y una delgada rebanada de pan. Sobre todo faltaba sal y eso era terrible, porque la comida sin sal no se puede siquiera tragar, pues, apenas entra en la boca dan ganas de vomitarla; de tan sosa y casi dulce parece una cosa muerta y putrefacta. De aceite no había ni una gota siquiera, de manteca, apenas me quedaban dos dedos en el fondo de un tarro. De vez en cuando, había suerte, como una vez que pude comprar dos kilos de patatas. O bien , otra vez, que tuve ocasión de comprar a unos pastores un queso de oveja que pesaba quatrocientos gramos , duro como la piedra, pero bueno, picante. Pero era cosa de suerte, es decir, casos raros con los que no se podía contar.

La campesina ( fragmento 2 )

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-
- Cuando lleguen los ingleses, volverá la abundancia, Filippo.
Uno de aquellos días en que , como de costumbre, hablaban de comida, presencié un altercado entre Filippo y Michele. Filippo estaba diciendo:
-....Eso, ahora me gustaría tener un buen cerdo , sacrificarlo y hacer en seguida las chuletas, hermosas, un dedo de gruesas, cada una de quinientos gramos....Sabéis, quinientos gramos de cerdo es algo que te hace revivir.
Michele, que por casualidad le estaba oyendo, dijo de pronto:
Sería , en verdad, un caso de canibalismo.
-¿Por qué?
-Porque el cerdo se comería al cerdo.
A Filippo le sentó mal oírse llamar puerco por su hijo, se puso muy colorado y dijo con voz estentórea:
- Tú no respetas ni a tus padres.

A.Moravia. La campesina.

La campesina ( fragmento)

ROSETTA por Ruben
Victor


Llamé a Concetta y le indiqué a Rosetta, que estaba en la cama llorando, y le dije que era una vergüenza hacernos dormir con chinches, y ella, exaltada como de costumbre, respondio:
-Tienes razon, es una vergüenza,es una indecencia, ya se que hay chinches, es un asco.
Pero nosotros somos unos pobrecitos campesinos y tu, una señora de ciudad: para nosotros, los chinches y para ti, las sabanas de seda.
Me daba la razón con entusiasmo, pero de un modo extraño, como si se mofase de mi;
y, en efecto, tras haberme dado la razón, terminó de una manera inesperada, diciendo, que también las mosquitos eran animalitos de Dios y que, cuando Dios las había hecho, señal que servía para algo. Total, dijo que en adelante dormiríamos en la cabaña donde guardaban el heno para el mulo. El heno pinchaba y tal vez también había algún insecto allí, pero eran insectos limpios, de esos que se pasean por el cuerpo y quizá cosquillean, pero no chupan la sangre. Pero me dí cuenta de que así no podíamos seguir mucho tiempo.

A.Moravia. “La campesina”

Carta de Alberto Moravia a su madre

“Cara mamma,

Io sono partito da Pechino in aeroplano via Tayanfu che è la più lunga – sono 9 ore di volo e siamo saliti fino a 5000 metri – con 4 tappe – era molto bello ma l’aeroplano ballava terribilmente e tutti vomitavamo.

Sono rimasto a Shanghai 4 giorni e poi sono ripartito per Hong Kong sul presidente Harrison che è un battello americano. Ora non so quanto rimarrò a Hong Kong.

Il mare è buono e pieno di battelli da pesca. Io sto benissimo e ho già fatto 14 dei 20 articoli che debbo scrivere.

Tutto sommato è stato un viaggio molto interessante. A Shanghai ho trovato i miei due libri mi pare che l’edizione sia non tanto male.

Pechino è la più bella città della Cina. Shanghai è bruttissima, non so ora cosa sarà Canton che è la capitale del Sud.

Io per oggi non ho altro da dire. Tra poche ore arrivo a Hong Kong e di lì prenderò un altro piroscafo che mi porterà a Canton.

Tante cose a tutti. Un abbraccio dal tuo

Alberto

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